El arquitecto Coleoni

El entrenador que supo llevar a Central Córdoba del Federal A a la final de la Copa Argentina.

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15/11/2019 -

Por Walter Vargas - Agencia Telam

Asumida la obvia certeza de que los partidos los ganan o los pierden los jugadores y asimismo que el destino es lo que en efecto pasa y no lo que pudo haber pasado, supone sensato reponer la descomunal gravitación de Gustavo Coleoni en el glorioso presente de Central Córdoba.

Descomunal, sideral y primordial, lo de Coleoni, en la medida que facilita entender el contexto en que el equipo santiagueño volvió a dar un gran golpe y ya está en la final de la Copa Argentina.

Es cierto que en 90 minutos todo puede pasar, o que en todo caso pueden equilibrarse poderíos más complejos de conciliar en una competencia larga, pero no es menos cierto que a Central Córdoba le va cada vez más chica la etiqueta de "sorpresa".

Se alude al mismo equipo que no hace tanto goleó a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro y al que por aquellos días había eliminado a Estudiantes de La Plata en Córdoba.

A un equipo al que, también será justo apreciar, la Superliga no le ha permitido cosechar en una aproximada correspondencia con su manera de competir en todos y cada uno de los partidos.

Salvo algún que otro paso vacilante, eso que en glosario futbolero se da en llamar "una actuación falsa", Central Córdoba ha sabido jugar de igual a igual incluso con los más acreditados, entendidos como Racing, Vélez, Atlético Tucumán, los ya mencionados San Lorenzo y Estudiantes y desde luego el derrotado más flamante: Lanús.

Sin que se incurra en exageraciones o en el tic del elogio servido, fácil, políticamente correcto, bien puede observarse que Central Córdoba es un equipo de autor.

De autor con nombre y apodo propio, Gustavo Iván Coleoni, el Sapo, un laborioso, honrado y honroso trabajador con buzo de DT que en casi tres lustros en el oficio se ha convertido en una en una referencia de los clubes del Interior del país, el equivalente de ese fútbol que décadas atrás se calificaba de "Chacarero", tiempos en los que en el primer Torneo Nacional, ya que estamos, Central Córdoba se dio el gusto de ganar en la Bombonera.

Un partido, dos partidos, cinco partidos, siete partidos pueden ser cosa del caprichoso encastre de la buena sintonía propia, de adversarios de capa caída, de circunstancias que sonríen, de alineación de planetas, pero nada de eso alcanza a contener la gigantesca influencia de Coleoni.

Pensemos que Coleoni construyó desde un descenso al Federal A, punto por punto, peldaño por peldaño, pieza por pieza, desde la autoestima al funcionamiento, del funcionamiento a la regularidad y de la regularidad a los saltos de calidad.

En esa escala y hacia horizontes mayores Central Córdoba logró dos ascensos consecutivos y ya en Primera se operó un cambio igual de brusco que de peligroso: la renovación del plantel y el armado de un equipo prácticamente nuevo.

Inspirador del riesgo y al tiempo inspirador de la recompensa, el Sapo Coleoni, ese tipo humilde que no bien terminado el histórico partido de ayer en La Rioja declaró que "jugar una final contra el River de Gallardo es un sueño".

También en el fútbol la consumación de los sueños se merecen, Sapo, y usted y Central Córdoba han sabido merecer el sueño cumplido.

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