Cómo dominar las reacciones lógicas ante el incremento de la ansiedad

Padres desesperados, docentes desbordados, niños y adolescentes en "Bandeja de Salida" pero sin conexión.

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29/06/2020 -

Por Hilda Catz, en el diario Ámbito (*)

Estamos atravesando lo que podría denominarse como un estado de duelo “global” que tiñe de dolor, tristeza e incertidumbre todos los estratos sociales geográficos y políticos. Hay que tratar de evitar el contagio del pánico lo que no quiere decir desconocer el miedo que todos compartimos ante un enemigo invisible y tener en cuenta que en las situaciones de crisis y catástrofes aparecen con toda su fuerza las necesidades de apego y protección en todas las edades.

Las ansiedades exacerbadas por las limitaciones que produce el aislamiento tanto en lo social, lo afectivo y lo económico pueden manifestarse de muy diversas formas con diversos ropajes y presentaciones, la mayoría de las veces inesperadas.

Tampoco podemos dejar de lado cuántos “aislamientos”, soledades y otras problemáticas subjetivas, que estaban a la espera de que se le “cerraran las puertas” para manifestarse, se potenciaron a partir del confinamiento ya que la situación de encierro favorece la emergencia de síntomas que hasta ese momento estaban compensados en la cotidianeidad y que pueden llegar a extremos imprevisibles como el incremento de las adicciones, los suicidios, los femicidios y el abuso sexual infantil.

Los padres desesperados y los docentes desbordados nos demandan comprenderlos y ayudarlos a entender que son normales las respuestas anormales ante situaciones desconocidas, o sea que tanto ellos como los chicos y los adolescentes están atravesando esta crisis como pueden. Tener en cuenta la perplejidad que producen este tipo de situaciones que hacen presente cada día nuestra condición de seres mortales, vulnerables y desconcertados. frente a un horizonte de extrañeza. Puede decirse que todo está cambiando desde la forma de relacionarnos, hasta la forma de estudiar, de trabajar, de viajar, de esparcimiento, de enojarse, de elaborar los duelos y no sabemos cómo será y qué nos deparara el futuro.

Los niños están irritables, molestos, tristes, o sea como niños normales, tendrán síntomas que hablan de que no son ajenos a las angustias que los adultos tenemos y es necesario entender que como adultos también estamos involucrados en una catarata de interrogantes por todo lo que sucede, cansados o pensativos e incluso enojados. Y que aunque sea importante sostener algunas rutinas, no es fácil sobrellevar muchas exigencias sobre todo si son desmedidas porque en épocas de cuarentena todos están mucho más sensibles y hay que entenderlo, perdonar y perdonarse.

No convertir la casa en un circo porque no siempre es tan fácil y además tampoco puede decirse que sea positivo vivir fuera de la realidad, ya que tanto los niños como los púberes y adolescentes a medida que crecen tienen que tener más conciencia del mundo circundante y no promoverles de que vivan en una burbuja irreal que no fomenta su crecimiento tan necesario siempre, pero especialmente en situaciones de urgencia como las que estamos viviendo.

Los adolescentes que en general tienen una negación de todo lo que tiene que ver con la enfermedad y la muerte, van a tener reacciones imprevisibles, necesidad de aislarse virtualmente, de poner distancia, de encerrarse en mutismos infranqueables. Reacciones lógicas ante el posible incremento de las ansiedades vinculadas a la “endogamia”, que implica estar cerca de quienes tienen que tomar distancia, y la mayoría de las veces lo van a expresar de manera descontrolada con violencia, y/o retracción y ensimismamiento. Pueden ser empoderados como agentes de salud, que adquieran conciencia social, de que se sientan ubicados en un lugar de confrontación y al mismo tiempo un camino de conexión con su entorno, desde la colaboración en las tareas del hogar hasta la creación de redes de conexión para los que están solos y para sus grupos de pares así no se sienten tan dependientes y detenidos.

No olvidemos que la familia como célula social puede querer manejar sin darse cuenta los miedos y el desamparo frente a la vulnerabilidad y la necesidad de aislamiento para infantilizar a sus miembros e imposibilitarlos de tener independencia de pensamiento y de acción controlándolos en exceso con las reacciones que este tipo de conductas pueden suscitar.

Por lo tanto, en épocas de pandemia, la propuesta es tratar de tener una conexión hecha de mucha tolerancia para que la “bandeja de salida” pese a todo, pueda dar cabida a la incertidumbre y la esperanza para que la espera no nos desespere.

(*) Doctora en Psicología Ph.D, Usal-APA. Lic. Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

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